martes, 12 de marzo de 2013

FRAGMENTOS TRAICIONADOS XV. VERANO (Homenaje a un gran amigo).

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La casa al otro lado de la calle tiene nuevos propietarios, una pareja más o menos de su edad con hijos pequeños y un BMW. Él no les presta atención hasta que un día llaman a su puerta.
  • Hola, soy David Truscott, tu nuevo vecino. Me he dejado la lleve dentro de casa y no puedo entrar. ¿Me permitirías llamar por teléfono? –Y entonces, como una ocurrencia tardía-: ¿No te conozco?
Se produce el reconocimiento. En efecto, ambos se conocen. En 1952, David Truscott y él iban a la misma clase de sexto curso en la escuela secundaria Saint Joseph. Él y David Truscott podrían haber avanzado uno al lado del otro durante el resto de la enseñanza media, de no ser porque David no entendía ni papa de álgebra, ni siquiera lo más esencial, que la x, la y y la z estaban allí para liberarte del tedio de la aritmética. David tampoco acabó de manejarse con el latín… con el subjuntivo, por ejemplo. Incluso a edad tan temprana, le parecía evidente que estaría mejor fuera de la escuela, lejos del latín y el álgebra, contando billetes en un banco o vendiendo zapatos.
Pero, a pesar de que le abroncaban continuamente por no comprender las cosas (broncas que él aceptaba aunque de vez en cuando las lágrimas le empañaban las gafas), David persistió en sus estudios, sin duda porque sus padres le obligaban a ello. Pese a las dificultades, se las arregló para superar sexto y luego séptimo y así hasta décimo, y ahora helo aquí, veinte años después, pulcro, vivaz y próspero, y, según se revela, tan absorto en sus asuntos profesionales que por la mañana, al salir de casa para ir a la oficina, se le ha olvidado la llave dentro y, puesto que su mujer se ha llevado a los niños a un fiesta, no puede entrar en su vivienda.
Y a qué te dedicas? —le pregunta a David, más que curioso.
—Al marketing. Trabajo en el grupo Woolworth. ¿Y tú qué haces?
—Pues me encuentro entre una cosa y otra. He dado clases en una universidad de Estados Unidos, y ahora estoy buscando un puesto aquí.
—Bueno, hemos de reunirnos. Deberías venir a tomar una copa, a cambiar impresiones. ¿Tienes hijos?
—Soy un hijo. Quiero decir que vivo con mi padre. Se está haciendo mayor, necesita que cuiden de él. Pero pasa, hombre. El teléfono está ahí.
Así pues, David Truscott, que no entendía la x y la y, es un floreciente experto en marketing, mientras que él, que no tuvo la menor dificultad para entender la x, y la y, junto con otras muchas cosas más, es un desempleado intelectual. ¿Qué indica esto sobre el funcionamiento del mundo? Lo más evidente que parece indicar es que el camino que conduce a través del latín y el álgebra no es el camino hacia el éxito material. Pero puede indicar mucho más: que comprender las cosas es una pérdida de tiempo, que si quieres tener éxito en el mundo, una familia feliz, una bonita casa y un BMW no deberías tratar de comprender las cosas, sino tan solo sumar las cifras o pulsar los botones o hacer cualquier otra cosa que haga la gente de marketing y por la que son tan espléndidamente recompensados.
El caso es que David Truscott y él no se reunieron para tomar la copa prometida y mantener la charla prometida. Si algún atardecer resulta que él se encuentra en la parte delantera del jardín rastrillando hojas a la hora en que David Truscott regresa del trabajo, los dos se saludan como buenos vecinos, agitando la mano o inclinando la cabeza desde el otro lado de la calle, pero eso es todo. El ve un poco más a la señora Truscott, una mujer menuda y pálida que siempre está metiendo prisa a los niños para que suban o bajen del segundo coche pero David no se la ha presentado y él no ha tenido ocasión de hablar con ella. La vía Tokai es una avenida de mucho tráfico, peligrosa para los niños. No hay ninguna buena razón para que los Truscott crucen a su lado o para que él cruce al de ellos.

J.M. COETZEE

ACTIVIDADES:

1. Busca información del autor y la obra. ¿Cuál era el problema de su país? ¿Qué te parece la figura de Mandela? Si has visto Invictus haz un comentario sobre la película.

1. ¿Qué es un desempleado intelectual? ¿crees qué pueden proporcionar algún beneficio a la sociedad?

2. Explica esto con tus palabras: Lo más evidente que parece indicar es que el camino que conduce a través del latín y el álgebra no es el camino hacia el éxito material.

3. ¿Por qué dice el autor lo siguiente: "comprender las cosas es una pérdida de tiempo, que si quieres tener éxito en el mundo, una familia feliz, una bonita casa y un BMW no deberías tratar de comprender las cosas, sino tan solo sumar las cifras o pulsar los botones o hacer cualquier otra cosa que haga la gente de marketing y por la que son tan espléndidamente recompensados"? Estás de acuerdo con él. ¿Puede tener la filosofía algo que ver con este planteamiento?

5. ¿Cuál es el sentido de este fragmento: "La vía Tokai es una avenida de mucho tráfico, peligrosa para los niños. No hay ninguna buena razón para que los Truscott crucen a su lado o para que él cruce al de ellos"

6. Haz una redacción (a favor o en contra) acerca de la importancia de la cultura, de las humanidades en una sociedad como la nuestra. 

martes, 5 de marzo de 2013

FRAGMENTOS TRAICIONADOS XIV: Un texto sobre el absurdo...


La filosofía de Nietzsche es objeto de muchas interpretaciones. Una de ellas, muy fecunda, es la filosofía existencial. Uno de los representantes de dicho movimiento es Albert Camus. Y uno de los textos más significativos, entre otros, es El mito de Sísifo. Ensayo sobre el absurdo (1943). En esta obra expone su “filosofía del absurdo” - “juzgo que la noción de lo absurdo es esencial y puede figurar como la primera de mis verdades” - tema central en toda su obra: el absurdo nace de la confrontación entre la experiencia del mundo y el “deseo desenfrenado de claridad”. Encontrar una salida al absurdo es muy difícil desde la filosofía, es más fácil aferrarse al consuelo y la esperanza que ofrece la religión. Sin embargo, tres consecuencias sacará Camus de lo absurdo: “mi rebelión, mi libertad y mi pasión”. En La peste (1947), por ejemplo, una novela filosófica, la vivencia de lo absurdo llega al máximo bajo la figura del sufrimiento del inocente; la peste es símbolo de la misma vida humana y, en ésta como en aquélla, en cualquier momento puede saltar agazapada la enfermedad fatídica y horrorosa, como el absurdo.
Pero, por ahora, vamos a centrarnos en el siguiente texto.

EL CUENTO ES EL SIGUIENTE.

El mito de Sísifo

Los dioses habían condenado a Sísifo a empujar sin cesar una roca hasta la cima de una montaña, desde donde la piedra volvería a caer por su propio peso. Habían pensado con algún fundamento que no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza.
Si se ha de creer a Homero, Sísifo era el más sabio y prudente de los mortales. No obstante, según otra tradición, se inclinaba al oficio de bandido. No veo en ello contradicción. Difieren las opiniones sobre los motivos que le convirtieron en un trabajador inútil en los infiernos. Se le reprocha, ante todo, alguna ligereza con los dioses. Reveló sus secretos. Egina, hija de Asopo, fue raptada por Júpiter. Al padre le asombró esa desaparición y se quejó a Sísifo. Éste, que conocía el rapto, se ofreció a informar sobre él a Asopo con la condición de que diese agua a la ciudadela de Corinto. Prefirió la bendición del agua a los rayos celestes.
Por ello le castigaron enviándole al infierno. Homero nos cuenta también que Sísifo había encadenado a la Muerte. Plutón no pudo soportar el espectáculo de su imperio desierto y silencioso. Envió al dios de la guerra, quien liberó a la Muerte de manos de su vencedor. Se dice también que Sísifo, cuando estaba a punto de morir, quiso imprudentemente poner a prueba el amor de su esposa. le ordenó que arrojara su cuerpo sin sepultura en medio de la plaza pública. Sísifo se encontró en los infiernos y allí irritado por una obediencia tan contraria al amor humano, obtuvo de Plutón el permiso para volver a la tierra con objeto de castigar a su esposa. Pero cuando volvió a ver este mundo, a gustar del agua y el sol, de las piedras cálidas y el mar, ya no quiso volver a la sombra infernal.
Los llamamientos, las iras y las advertencias no sirvieron para nada. Vivió muchos años más ante la curva del golfo, la mar brillante y las sonrisas de la tierra. Fue necesario un decreto de los dioses. Mercurio bajó a la tierra a coger al audaz por la fuerza, le apartó de sus goces y le llevó por la fuerza a los infiernos, donde estaba ya preparada su roca. Se ha comprendido ya que Sísifo es el héroe absurdo. Lo es en tanto por sus pasiones como por su tormento. Su desprecio de los dioses, su odio a la muerte y su apasionamiento por la vida le valieron ese suplicio indecible en el que todo el ser dedica a no acabar nada. Es el precio que hay que pagar por las pasiones de esta tierra. No se nos dice nada sobre Sísifo en los infiernos. Los mitos están hechos para que la imaginación los anime. Con respecto a éste, lo único que se ve es todo el esfuerzo de un cuerpo tenso para levantar la enorme piedra, hacerla rodar y ayudarla a subir una pendiente cien veces recorrida; se ve el rostro crispado, la mejilla pegada a la piedra, la ayuda de un hombro que recibe la masa cubierta de arcilla, de un pie que la calza, la tensión de los brazos, la seguridad enteramente humana de dos manos llenas de tierra. Al final de ese largo esfuerzo, medido por el espacio sin cielo y el tiempo sin profundidad, se alcanza la meta. Sísifo ve entonces como la piedra desciende en algunos instantes hacia ese mundo inferior desde el que habrá de volverla a subir hacia las cimas, y baja de nuevo a la llanura. Sísifo me interesa durante ese regreso, esa pausa. Un rostro que sufre tan cerca de las piedras es ya él mismo piedra.
Veo a ese hombre volver a bajar con paso lento pero igual hacia el tormento cuyo fin no conocerá. Esta hora que es como una respiración y que vuelve tan seguramente como su desdicha, es la hora de la conciencia. En cada uno de los instantes en que abandona las cimas y se hunde poco a poco en las guaridas de los dioses, es superior a su destino. Es más fuerte que su roca. Si este mito es trágico, lo es porque su protagonista tiene conciencia.
¿En qué consistiría, en efecto, su castigo si a cada paso le sostuviera la esperanza de conseguir su propósito? El obrero actual trabaja durante todos los días de su vida en las mismas tareas y ese destino no es menos absurdo.
Pero no es trágico sino en los raros momentos en se hace consciente. Sísifo, proletario de los dioses, impotente y rebelde conoce toda la magnitud de su condición miserable: en ella piensa durante su descenso. La clarividencia que debía constituir su tormento consuma al mismo tiempo su victoria. No hay destino que no venza con el desprecio.
Por lo tanto, si el descenso se hace algunos días con dolor, puede hacerse también con alegría. Esta palabra no está de más. Sigo imaginándome a Sísifo volviendo hacia su roca, y el dolor estaba al comienzo. Cuando las imágenes de la tierra se aferran demasiado fuertemente al recuerdo, cuando el llamamiento de la dicha se hace demasiado apremiante, sucede que la tristeza surge en el corazón del hombre: es la victoria de la roca, la roca misma. La inmensa angustia es demasiado pesada para poderla sobrellevar. Son nuestras noches de Getsemaní.
Sin embargo, las verdades aplastantes perecen al ser reconocidas. Así, Edipo obedece primeramente al destino sin saberlo, pero su tragedia comienza en el momento en que sabe. Pero en el mismo instante, ciego y desesperado, reconoce que el único vínculo que le une al mundo es la mano fresca de una muchacha. Entonces resuena una frase desesperada: «A pesar de tantas pruebas, mi edad avanzada y la grandeza de mi alma me hacen juzgar que todo está bien». El Edipo de Sófocles, como el Kirilov de Dostoievsky, da así la fórmula de la victoria absurda. La sabiduría antigua coincide con el heroísmo moderno. No se descubre lo absurdo sin sentirse tentado a escribir algún manual de la dicha. «¿Cómo? ¿Por caminos tan estrechos...?». Pero no hay más que un mundo. La dicha y lo absurdo son dos hijos de la misma tierra. Son inseparables. Sería un error decir que la dicha nace forzosamente del descubrimiento absurdo. Sucede también que la sensación de lo absurdo nace de la dicha. «Juzgo que todo está bien», dice Edipo, y esta palabra es sagrada. Resuena en el universo y limitado del hombre. Enseña que todo no es ni ha sido agotado. Expulsa de este mundo a un dios que había entrado en él con la insatisfacción y afición a los dolores inútiles. Hace del destino un asunto humano, que debe ser arreglado entre los hombres. Toda la alegría silenciosa de Sísifo consiste en eso. Su destino le pertenece. Su roca es su cosa. Del mismo modo el hombre absurdo, cuando contempla su tormento, hace callar a todos los ídolos.
En el universo vuelto de pronto a su silencio se alzan las mil vocecitas maravillosas de la tierra. Llamamientos inconscientes y secretos, invitaciones de todos los rostros constituyen el reverso necesario y el premio de la victoria. No hay sol sin sombra y es necesario conocer la noche. El hombre absurdo dice que sí y su esfuerzo no terminará nunca. Si hay un destino personal, no hay un destino superior, o, por lo menos no hay más que uno al que juzga fatal y despreciable. Por lo demás, sabe que es dueño de sus días. En ese instante sutil en que el hombre vuelve sobre su vida, como Sísifo vuelve hacia su roca, en ese ligero giro, contempla esa serie de actos desvinculados que se convierten en su destino, creado por él, unido bajo la mirada de su memoria y pronto sellado por su muerte. Así, persuadido del origen enteramente humano de todo lo que es humano, ciego que desea ver y que sabe que la noche no tiene fin, está siempre en marcha. La roca sigue rodando.
Dejo a Sísifo al pie de la montaña. Se vuelve a encontrar siempre su carga. Pero Sísifo enseña la fidelidad superior que niega a los dioses y levanta las rocas. Él también juzga que todo está bien. Este universo en adelante sin amo no le parece estéril ni fútil. Cada uno de los granos de esta piedra, cada trozo mineral de esta montaña llena de oscuridad forma por sí solo un mundo. El esfuerzo mismo para llegar a las cimas basta para llenar un corazón de hombre.
Hay que imaginarse a Sísifo dichoso.


ACTIVIDADES.
  1. Busca información relevante sobre Camus.
  2. Busca información relevante sobre las características principales del existencialismo.
  3. ¿Podemos decir qué el mundo es absurdo? Explica tu posición al respecto.
  4. Explica la siguiente frase del texto: Si este mito es trágico, lo es porque su protagonista tiene conciencia.
  5. ¿De qué dos aspectos puede nacer el absurdo, según Camus?, ¿estás de acuerdo con él?
  6. ¿En qué sentido puedes imaginar a Sísifo dichoso?
  7. Explica la siguiente frase del texto: Este universo en adelante sin amo no le parece estéril ni fútil. Cada uno de los granos de esta piedra, cada trozo mineral de esta montaña llena de oscuridad forma por sí solo un mundo. El esfuerzo mismo para llegar a las cimas basta para llenar un corazón de hombre.

viernes, 15 de febrero de 2013

FRAGMENTOS TRAICIONADOS XIII: Humanitos

 
HUMANITOS.

Darwin nos informó que somos primos de los monos, no de los ángeles. Después supimos que veníamos de la selva africana y que ninguna cigüeña nos había traído desde París. Y no hace muchos nos enteramos de que nuestros genes son casi igualitos a los genes de los ratones.
Ya no sabemos si somos obras maestras de Dios o chistes malos del Diablo. Nosotros, los humanitos:
    los exterminadores de todo,
    los cazadores del prójimo,
    los creadores de la bomba atómica, la bomba de hidrógeno y la bomba de neutrones, que es la más saludable de todas porque liquida a las personas pero deja intactas las cosas,
    los únicos animales que inventan máquinas,
    los únicos que viven al servicio de las máquinas que inventan,
    los únicos que devoran su casa,
    los únicos que envenenan el agua que les da de beber y la tierra que les da de comer,
    los únicos capaces de alquilarse o venderse y de alquilar o vender a sus semejantes,
    los únicos que matan por placer,
    los únicos que torturan,
    los únicos que violan.
Y también
    los únicos que ríen,
    los únicos que sueñan despiertos,
    los que hacen seda de la baba del gusano,
    los que convierten la basura en hermosura,
    los que descubren colores que el arco iris no conoce,
    los que dan nuevas músicas a las voces del mundo
    y crean palabras, para que no sean mudas
    la realidad ni su memoria.


EDUARDO  GALEANO, en ESPEJOS.

ACTIVIDADES.
  
1. Explica científicamente la primera estrofa.
2. Explica esta frase: "Ya no sabemos si somos obras maestras de Dios o chistes malos del Diablo"
3. Elige de la segunda estrofa 5 de las características de los "humanitos" y desarrolla cada una de ellas (5 líneas, como mínimo, por cada característica).
4. ¿Por qué crees que dice que la realidad es muda?, ¿puede tener alguna relación esta consideración del mundo con el darwinismo? 
5. Elige de la tercera estrofa 5 de las características de los "humanitos" y desarrolla cada una de ellas (5 líneas, como mínimo, por cada característica).

martes, 12 de febrero de 2013

FRAGMENTOS TRAICIONADOS XII: Mapa del tiempo

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Mapa del tiempo

Hace unos cuatro mil quinientos de años, año
más, año menos, una estrella emana escupió un planeta,
que actualmente responde al nombre de Tierra.
Hace unos cuatro mil doscientos millones de años, la
primera célula bebió el caldo del mar, y le gustó, y se dupli-
có para tener a quién convidar el trago.
Hace unos cuatro millones y pico de años, la mujer y el
hombre, casi monos todavía, se alzaron sobre sus patas y
se abrazaron, y por primera vez tuvieron la alegría y el pá-
nico de verse, cara a cara, mientras estaban en eso.
Hace unos cuatrocientos cincuenta mil años, la mujer y
el hombre frotaron dos piedras y encendieron el primer
fuego, que los ayudó a pelear contra el miedo y el frío.
Hace unos trescientos mil años, la mujer y el hombre se
dijeron las primeras palabras, y creyeron que podían en-
tenderse.
Y en eso estamos, todavía: queriendo ser dos, muertos
de miedo, muertos de frío, buscando palabras.

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Eduardo Galeano
ACTIVIDADES.

  1. Busca con exactitud lo que se afirma en los dos primeros párrafos y explícalo mediante datos científicos reales (pista: estos datos están en vuestro libro de texto).
  1. Explica desde la antropogénesis el tercer párrafo, es decir, cómo y por qué se produjo ese avance evolutivo. ¿Qué crees que sentirían esas dos criaturas?
  1. ¿Qué afirma Galeano que sirvió al ser humanos para “pelear contra el miedo y el frío”?
  1. ¿Qué papel juega la palabra para Galeano? Ponte en situación y haz el esfuerzo de imaginar qué se dirían por vez primera esa pareja. Explica tu postura.
  1. ¿Qué quiere decir Galeano con el último párrafo?
  1. ¿Crees qué ha servido para algo la evolución, según Galeano? ¿Y para ti?
  1. Intenta un parapensar, un microcuento, un poema visual con uno de los temas filosóficos que se derivan de la evolución.

martes, 5 de febrero de 2013

FRAGMENTOS TRAICIONADOS XI: De Cronopios y Famas


RELOJES

Un fama tenía un reloj de pared y todas las semanas le daba cuerda CON GRAN CUIDADO. Pasó un cronopio y al verlo se puso a reír, fue a su casa e inventó el reloj-alcachofa o alguacil, que de una y otra manera puede y debe decirse.
        El reloj alguacil de este cronopio es un alguacil de la gran especie, sujeto por el tallo a un agujero de la pared. Las innumerables hojas del alguacil marcan la hora presente, y además todas las horas, de modo que el cronopio no hace más que sacarle una hoja y ya sabe una hora. Como las va sacando de izquierda a derecha, siempre la hoja da la hora justa, y cada día el cronopio empieza a sacar una nueva vuelta de hojas. Al llegar al corazón el tiempo no puede ya medirse, y en la infinita rosa violeta del centro el cronopio encuentra un gran contento, entones se la come con aceite, vinagre y sal, y pone otro reloj en el agujero.



J. Cortázar,  
Historia de cronopios y de famas.

ACTIVIDADES.

  1. Busca información relevante del autor, en general, y del libro en particular, nombrando las características de los FAMAS, ESPERANZAS y los CRONOPIOS.
  2. ¿Por qué crees que se rió el cronopio?
  3. Establece las diferencias entre el modo de entender el tiempo que tiene el fama y el cronopio. Para realizar este ejercicio utiliza fragmentos del texto (15 líneas).
  4. ¿Con que concepción del tiempo identificas más a la sociedad?
  5. ¿A cuál de las dos concepciones se parece más la tuya? Inventa o imagina tu propio reloj, ¿cómo sería?
  6. Intenta un parapensar, un microcuento o un poema visual inspirándote en el texto o en las actividades realizadas.

martes, 29 de enero de 2013

FRAGMENTOS TRAICIONADOS X (Pensar la Paz...)

 
2
EL ACUSADO

Otto Adolf Eichmann, hijo de Karl Adolf y Maria Schefferling, detenido en un suburbio de Buenos Aires, la noche del 11 de mayo de 1960, y trasladado en avión, nueve días después, a Jerusalén, compareció ante el tribunal del distrito de Jerusalén el día 11 de abril de 1961, acusado de quince delitos, habiendo cometido, «junto con otras personas», crímenes contra el pueblo judío, crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra, durante el período del régimen nazi, y, en especial, durante la Segunda Guerra Mundial. La Ley (de Castigo) de Nazis y Colaboradores Nazis de 1950, de aplicación al caso de Eichmann, establecía que «cualquier persona que haya cometido uno de estos... delitos... puede ser condenada a pena de muerte». Con respecto a todos y cada uno de los delitos imputados, Eichmann se declaró «inocente, en el sentido en que se formula la acusación».
¿En qué sentido se creía culpable, pues? Durante el largo interrogatorio del acusado, según sus propias palabras «el más largo de que se tiene noticia», ni la defensa, ni la acusación, ni ninguno de los tres jueces se preocupó de hacerle tan elemental pregunta. El abogado defensor de Eichmann, el doctor Robert Servatius, de Colonia, cuyos honorarios satisfacía el Estado de Israel (siguiendo el precedente sentado en el juicio de Nuremberg, en el que todos los defensores fueron pagados por el tribunal formado por los estados victoriosos), dio contestación a esta pregunta en el curso de una entrevista periodística: «Eichmann se cree culpable ante Dios, no ante la Ley». Pero el acusado no ratificó esta contestación. Al parecer, el defensor hubiera preferido que su cliente se hubiera declarado inocente, basándose en que según el ordenamiento jurídico nazi ningún delito había cometido, y en que, en realidad, no le acusaban de haber cometido delitos, sino de haber ejecutado «actos de Estado», con referencia a los cuales ningún otro Estado que no fuera el de su nacionalidad tenía jurisdicción, y también en que estaba obligado a obedecer órdenes que se le daban, y que, dicho sea en las palabras empleadas por Servatius, había realizado hechos «que son recompensados con condecoraciones, cuando se consigue la victoria, y conducen a la horca, en el momento de la derrota». (En 1943, Goebbels había dicho: «Pasaremos a la historia como los más grandes estadistas de todos los tiempos, o como los mayores criminales».)
Hallándose fuera de Israel, en una sesión de la Academia Católica de Baviera, dedicada a lo que el Rheinischer Merkur denominó el «delicado problema» de las «posibilidades y los límites de determinar las responsabilidades históricas y políticas, mediante procedimientos jurídicos penales», el abogado Servatius fue todavía más lejos, y declaró que «el único problema jurídico penal que en puridad se daba en el juicio de Eichmann era el de dictar sentencia contra los ciudadanos israelitas le capturaron, lo cual todavía no se ha hecho». Incidentalmente, debemos advertir que esta manifestación mal puede armonizarse con las repetidas y harto difundidas declaraciones de Servatius hechas en Israel, en las que decía que la celebración del juicio debía considerarse como «un triunfo del espíritu», y lo comparaba favorablemente con el juicio de Nuremberg.
Muy distinta fue la actitud de Eichmann. En primer lugar, según él, la acusación de asesinato era injusta: «Ninguna relación tuve con la matanza de judíos. Jamás di muerte a un judío, ni a persona alguna, judía o no. Jamás he matado a un ser humano. Jamás di órdenes de matar a un judío o a una persona no judía. Lo niego rotundamente». Más tarde matizaría esta declaración diciendo: «Sencillamente, no tuve que hacerlo». Pero dejó bien sentado que hubiera matado a su propio padre, si se lo hubieran ordenado. Una y otra vez repitió (ya había dejado constancia de ello en los llamados «documentos Sassen», es decir, en la entrevista celebrada el año 1955, en Argentina, con el periodista holandés Sassen, antiguo miembro de las SS, fugitivo también de la justicia, que, tras la captura de Eichmann, fue publicada por Life, parcialmente, en Estados Unidos y por Stern en Alemania) que tan solo se le podía acusar de «ayudar» a la aniquilación de los judíos, y de «tolerarla», aniquilación que, según declaró en Jerusalén, fue «uno de los mayores crímenes cometidos en la historia de la humanidad». La defensa hizo caso omiso de la teoría de Eichmann, pero la acusación perdió mucho tiempo en intentar, inútilmente, demostrar que Eichmann había matado, con sus propias manos, por lo menos a una persona (un adolescente judío, en Hungría), y todavía dedicó más tiempo, con mejores resultados, a cierta nota que Franz Rademacher, el perito en asuntos judíos del Ministerio de Asuntos Exteriores alemán, había escrito en un documento referente a Yugoslavia, durante una conversación telefónica, cuya nota decía: «Eichmann propone el fusilamiento». Estas palabras eran la única prueba existente de «orden de matar», si es que podía considerarse como tal.
(…).

8
LOS DEBERES DE UN CIUDADANO CUMPLIDOR DE LA LEY

Sí vemos cómo Eichmann tuvo abundantes oportunidades de sentirse como un nuevo Poncio Pilatos y, a medida que pasaban los meses y pasaban los años, Eichmann superó la necesidad de sentir, en general. Las cosas eran tal como eran, así era la nueva ley común, basada en las órdenes del Führer; cualquier cosa que Eichmann hiciera la hacía, al menos así lo creía, en su condición de ciudadano fiel cumplidor de la ley. Tal como dijo una y otra vez a la policía y al tribunal, él cumplía con su deber; no solo obedecía órdenes, sino que también obedecía la ley. Eichmann presentía vagamente que la distinción entre órdenes y ley podía ser muy importante, pero ni la defensa ni los juzgadores le interrogaron al respecto. Los manidos conceptos de «órdenes superiores» y «actos de Estado» iban y venían constantemente en el aire de la sala de audiencia. Estos fueron los conceptos alrededor de los que giraron los debates sobre estas materias en el juicio de Nuremberg, por la sola razón de que producían la falsa impresión de que lo totalmente carente de precedentes podía juzgarse según unos precedentes y unas normas que los mismos hechos juzgados habían hecho desaparecer. Eichmann, con sus menguadas dotes intelectuales, era ciertamente el último hombre en la sala de justicia de quien cabía esperar que negara la validez de estos conceptos y acuñara conceptos nuevos. Además, como fuere que solamente realizó actos que él consideraba como exigencias de su deber de ciudadano cumplidor de las leyes, y, por otra parte, actuó siempre en cumplimiento de órdenes —tuvo en todo momento buen cuidado de quedar «cubierto»— .
(…).
Durante el interrogatorio policial, cuando Eichmann declaró repentinamente, y con gran énfasis, que siempre había vivido en consonancia con los preceptos morales de Kant, en especial con la definición kantiana del deber, dio un primer indicio de que tenía la vaga noción de que en aquel asunto había algo más que la simple cuestión del soldado que cumple órdenes claramente , tanto en su naturaleza como por la intención con que son dadas. Esta afirmación resultaba simplemente indignante, y también incomprensible, ya que la filosofía moral de Kant está tan estrechamente unida a la facultad humana de juzgar que elimina en absoluto la obediencia ciega.
El policía que interrogó a Eichmann no le pidió explicaciones, pero el juez Raveh, impulsado por la curiosidad o bien por la indignación ante el hecho de que Eichmann se atreviera a invocar a Kant para justificar sus crímenes, decidió interrogar al acusado sobre este punto. Ante la general sorpresa, Eichmann dio una definición aproximadamente correcta del imperativo categórico: «Con mis palabras acerca de Kant quise decir que el principio de mi voluntad debe ser tal que pueda devenir el principio de las leyes generales» (lo cual no es de aplicar al robo y al asesinato, por ejemplo, debido a que el ladrón y el asesino no pueden desear vivir bajo un sistema jurídico que otorgue a los demás el derecho de robarles y asesinarles a ellos). A otras preguntas, Eichmann contestó añadiendo que había leído la Crítica de la razón práctica. Después, explicó que desde el momento en que recibió el encargo de llevar a la práctica la Solución Final, había dejado de vivir en consonancia con los principios kantianos, que se había dado cuenta de ello, y que se había consolado pensando que había dejado de ser «dueño de sus propios actos» y que él no podía «cambiar nada». Lo que Eichmann no explicó a sus jueces fue que, en aquel «período de crímenes legalizados por el Estado», como él mismo lo denominaba, no se había limitado a prescindir de la fórmula kantiana por haber dejado de ser aplicable, sino que la había modificado de manera que dijera: compórtate como si el principio de tus actos fuese el mismo que el de los actos del legislador o el de la ley común. O, según la fórmula del «imperativo categórico del Tercer Reich», debida a Hans Franck, que quizá Eichmann conociera: «Compórtate de tal manera, que si el Führer te viera aprobara tus actos» (Die Technik des Staates, 1942, pp. 15 -16). Kant, desde luego, jamás intentó decir nada parecido. Al contrario, para él, todo hombre se convertía en un legislador desde el instante en que comenzaba a actuar; el hombre, al servirse de su «razón práctica», encontró los principios que y debían ser los principios de la ley. Pero también es cierto que la inconsciente deformación que de la frase hizo Eichmann es lo que este llamaba la versión de Kant «para uso casero del hombre sin importancia». En este uso casero, todo lo que queda del espíritu de Kant es la exigencia de que el hombre haga algo más que obedecer la ley, que vaya más allá del simple deber de obediencia, que identifique su propia voluntad con el principio que hay detrás de la ley, con la fuente de la que surge la ley. En la filosofía de Kant, esta fuente era la razón práctica; en el empleo casero que Eichmann le daba, este principio era la voluntad del Führer. Gran parte de la horrible y trabajosa perfección en la ejecución de la Solución Final —una perfección que por lo general el observador considera como típicamente alemana, o bien como obra característica del perfecto burócrata— se debe a la extraña noción, muy difundida en Alemania, de que cumplir las leyes no significa únicamente obedecerlas, sino actuar como si uno fuera el autor de las leyes que obedece. De ahí la convicción de que es preciso ir más allá del mero cumplimiento del deber.
Sea cual sea la importancia que haya tenido Kant en la formación de la mentalidad del «hombre sin importancia» alemán, no cabe la menor duda de que, en un aspecto, Eichmann siguió verdaderamente los preceptos kantianos: una ley era una ley, y no cabían excepciones. En Jerusalén, Eichmann reconoció haber hecho dos excepciones. Durante aquel período en que cada alemán, de los ochenta millones que formaban la población, tenía su «judío decente», Eichmann prestó ayuda a un primo suyo medio judío y a un matrimonio judío de Viena, en cuyo favor había intercedido su tío. Incluso en Jerusalén, estas desviaciones le hacían sentirse un tanto descontento de sí mismo, y cuando en el curso de las repreguntas le interrogaron al respecto, Eichmann adoptó una actitud de franco arrepentimiento y dijo que había «confesado sus pecados» a sus superiores. Esta impersonal actitud en el cumplimiento de sus asesinos deberes condenó a Eichmann ante sus jueces, mucho más que cualquier otra cosa, lo cual es muy comprensible, pero según él esto era precisamente lo que le justificaba, tal como anteriormente había sido lo que acalló el último eco de la voz de su conciencia. No, no hacía excepciones. Y esto demostraba que siempre había actuado contra sus «inclinaciones», fuesen sentimentales, fuesen interesadas. En todo caso, él siempre cumplió con su deber.
El cumplimiento del «deber» al fin le condujo a una situación claramente conflictiva con las órdenes de sus superiores. Durante el último año de la guerra, más de dos años después de la Conferencia de Wannsee, Eichmann padeció su última crisis de conciencia. A medida que la derrota se aproximaba, Eichmann tuvo que enfrentarse con hombres de su propia organización que pedían insistentemente más y más excepciones, e incluso la interrupción de la Solución Final. Este fue el momento en que abandonó las precauciones y, una vez más, se permitió tener iniciativas; por ejemplo, organizó las marchas a pie de los judíos desde Budapest hasta la frontera austríaca, después de que los bombardeos de los aliados hubieran desbaratado el sistema de transportes. Corría el otoño de 1944, y Eichmann sabía que Himmler había ordenado el desmantelamiento de las instalaciones de exterminio de Auschwitz y que la matanza de judíos iba a terminar. En esta época, Eichmann tuvo una de sus poquísimas entrevistas personales con Himmler, en el curso de la cual se dijo que este gritó a aquel: «Si hasta el presente momento se ha dedicado usted a liquidar judíos, de ahora en adelante y hasta nueva orden se dedicará usted a cuidar judíos, a ser su niñera. Debo recordarle que fui yo, y no el Gruppenführer Müller, ni tampoco usted, quien en 1933 fundó la RSHA. ¡Y aquí soy yo el único que da órdenes!». El único testigo que podía corroborar lo anterior era el muy dudoso Kurt Becher. Eichmann negó que Himmler le hubiera gritado, pero no negó la realidad de la entrevista. Probablemente Himmler no pronunció exactamente las palabras que se le atribuyen, puesto que seguramente sabía que la RSHA fue fundada en 1939, y no en 1933, y no por él sino por Heydrich, con su aprobación. Sin embargo, probablemente ocurrió algo parecido a lo relatado. Himmler, en aquel entonces, daba órdenes a diestro y siniestro en el sentido de que los judíos debían ser bien tratados —eran su más «segura inversión»— y la entrevista debió de constituir una triste experiencia para Eichmann. 

Hannah Arendt
Eichmann en Jerusalén. 
Un estudio acerca de la banalidad del mal

ACTIVIDADES.

  1. Busca información relevante sobre la autora del texto y la obra a la que pertenecen estos fragmentos.
  2. ¿Quién es Eichemann? ¿De qué le acusan?
  3. Explica por qué la acusación de asesinato era injusta, según él.
  4. ¿Se podía sentir como Poncio Pilatos?, ¿te parece normal sentirse así? Fundamenta tu respuesta.
  5.  Busca información sobre la formulaciones del imperativo categórico de Kant. Explica cada uno de ellos. ¿Cómo lo interpreta Eichemann?
  6. Según la autora, ¿cómo podríamos explicar el imperativo categórico?
  7. Haz una redacción reflexionando entre el deber de obedecer y el deber de actuar bien según lo que has leído y aprendido en estas actividades. Incorpora en la respuesta frases del texto, datos sobre la autora o el libro, el imperativo categórico de Kant, etc.
  8. Intenta crear un microrrelato, un parapensar o un Poema Visual a partir de estas actividades. Manda tu propuesta a: filosofia.pintado@gmail.com

jueves, 17 de enero de 2013

FRAGMENTOS TRAICIONADOS IX: Descartes (poema de Borges)

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Descartes.

Soy el único hombre en la tierra y acaso no
haya tierra ni hombre.
Acaso un dios me engaña.
Acaso un dios me ha condenado al tiempo, esa larga ilusión.
Sueño la luna y sueño mis ojos que perciben la luna.
He soñado la tarde y la mañana del primer día.
He soñado a Cartago y a las legiones que desolaron Cartago.
He soñado a Lucano.
He soñado la colina del Gólgota y las cruces de Roma.
He soñado la geometría.
He soñado el punto, la línea el plano y el volumen.
He soñado el amarillo, el azul y el rojo.
He soñado mi enfermiza niñez.
He soñado los mapas y los reinos y aquel duelo en el alba.
He soñado el inconcebible dolor.
He soñado mi espada.
He soñado a Elizabeth de Bohemia.
He soñado la duda y la certidumbre.
He soñado el día de ayer.
Quizá no tuve ayer, quizá no he nacido.
Acaso sueño haber soñado.
Siento un poco de frío un poco de miedo.
Sobre el Danubio está la noche.
Seguiré soñando a Descartes y a la fe de sus padres.

J. L. BORGES, La cifra, en Obra poética 1923 / 1985.

ACTIVIDADES:
  1. Busca una breve referencia del autor del poema y señala algún rasgo de él o su obra que te haya llamado la atención.
    Repasa lo estudiado en clase sobre el método de Descartes...
  2. ¿En que versos se plantea la aplicación de la duda para los sentidos?
  3. Busca información sobre la vida de Descartes para responder a las siguientes cuestiones:
    • ¿dónde se encontraba enfermo?, ¿qué hacía en ese estado?;
    • ¿por qué hace una referencia a la espada?
    • ¿por qué se habla de la geometría y las matemáticas en el poema?, ¿qué es en realidad el Discurso del Método?
    • ¿quién es Elizabeth de Bohemia y qué relación tiene con Descartes?
  4. Según la filosofía de Descartes, podemos incluso soñar con las matemáticas, pero, ¿qué descubre Descartes al soñar con ellas?
  5. ¿Bajo qué circunstancias Descartes plantea que Dios le pueda engañar?, ¿de qué no puede engañarnos Dios?
  6. ¿A qué se refiere el poeta cuando nombra “la fe de sus padres”?
  7. Busca el famoso monólogo de Segismundo en La vida es sueño, de Calderón de la Barca (final del primer acto, por ejemplo). Cópialo en tu cuaderno. ¿Puedes establecer un paralelismo entre el poema, lo que sabes de Descartes y este monólogo? (Mínimo 15 líneas).
  8. Para las personas audaces: Intenta un un microrrelato, un aforismo o un parapensar basándote en algo relacionado con el tema en el que se engloba Descartes (entiéndase con esto todo lo visto acerca del funcionamiento de la ciencia, la revolución astronómica, Galileo, Copérnico, el propio Descartes…). Manda tu trabajo a: filosofia.pintado@gmail.com